martes, 28 de enero de 2014

Inmortales




Siempre jóvenes, siempre libres, siempre perfectos…
Ruta 66

Ese olor a lluvia. Cálido y ácido. Se parecía a esa sensación de que algo divino había arrasado con todo sin piedad en un silencioso momento. A penas un par de minutos. Tan solo un par de minutos y el agua cayó, salpicó todo y después cesó. Solo quedaba el aroma de la tormenta veraniega y los charcos sobre los adoquines rotos. Yo era esa lluvia. Fresca, incontrolable, espontánea y difusa. Como un sueño lejano que no puedes recordar en su totalidad, del que dudas si alguna vez existió. Pero… aún queda ese aroma. Aspiras y llena tus pulmones de pura nostalgia. 

Cuando entres en el próximo ascensor y gires la siguiente esquina una nota de ese perfume color añil podría volver y encogerte el alma. Me recordarás. No sabrás exactamente como era mi cara, ni como solía vestir. Es posible que ni si quiera me reconozcas cuando nos crucemos en una calle anónima, pero recordarás el tiempo. Recordarás el tacto de mi piel marfil, verás mi sonrisa abrirse como una flor, tocarás mi pelo y sentirás como nuestra juventud y libertad vuelven a ti. A esa playa a media noche… a esa película en un cine vacío… a ese ritmo frenético que nos envolvió durante tan poco tiempo. Me recordarás como aquella que debió ser pero nunca fue. Ese caballo salvaje que no se deja domesticar. Demasiado infantil, demasiado loca, demasiado rara.

¿Recuerdas aún mis palabras? “Yo siempre desaparezco”. Yo siempre seré joven, yo siempre seré maravillosa, siempre estaré en tu memoria… bebiendo y bailando hasta el amanecer. Cuando me busques no me encontrarás y cuando alguien pregunte por qué ahogas tus penas en un vaso vacío, ni si quiera serás capaz de repetir mi nombre. Soy tu mejor y más triste recuerdo. Soy la que consolaba sus noches en tus brazos abiertos. La que brincaba a tu alrededor con cerillas prendidas. Soy la que lloraba hasta quedarse sin llanto y la que reía hasta no tener aliento. También, soy la que un día no dijo nada. Y la que al siguiente, dejó de estar. Soy la que se fue sin mirar atrás.

Pero cuando el viento sople… cuando el viento traiga de vuelta tu perfume… Mi alma se encogerá y te recordaré. Recordaré cuál de todos ellos fuiste. Recordaré tus cálidos brazos. La forma de consolarme cuando rompía a llorar. Tu torpeza cuando tenías que desvestirme o la forma que tenías de llamarme. Te recordaré como mi medicina, mi hogar y mi patria. Mi hombre perfecto, cincelado en mármol y cuero. Pensaré, a penas por un momento, que fuiste al único que amé. Te echaré de menos, pero no miraré atrás. Así es como nos convertimos en inmortales. Siempre jóvenes, siempre libres, siempre perfectos… 




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