jueves, 27 de noviembre de 2014

Hembrismo machista












Parece que hablar del feminismo es un tema recurrente en muchas de las redacciones periodísticas, así como en las mesas de debate de muchísimas tertulias, hasta para la ciudadanía de pie le llega de cerca. El 50% de la población tiene la rarísima enfermedad de ser mujer y quién más o quién menos tiene algún afectado en su familia, sino es a una misma la que le ha caído semejante San Benito. Hablar de gratis encima se nos da demasiado bien… tan cojonudamente bien, que los expertos de bar proliferan más que los parados en la cola de INEM. Y no, no intento ser chistosa, sarcástica tal vez –por aquellos que no lo pillan ni cuando le va de frente en forma de convoy- pero es de recalcitrante que este tema se reabra cada cierto tiempo, por el hecho de que no hay ningún ‘tema mejor del que hablar’. Por lo que a mí respecta me molesta mezclarme mucho en este asunto, entre otros motivos porque la única razón por la que no soy atajada con rudeza por algunas cosas que opino es porque sí, soy una mujer.

Antes de nada os pido, como ya hice la anterior entrada, que intentemos leer esta reflexión sin banalidad, analizando e intentando ser profundos, porque si nos quedamos con la superficie de seguro no encontrareis ninguna opinión útil en lo que voy a decir a continuación. Siendo justo intentaré agrupar, para mi ver, los grandes problemas que tiene la sociedad sobre esto de ser o no mujer, y sin esperar a que nadie le salgan ulceras en el estómago quisiera dejarlo, por lo menos por mi parte, zanjado.

Violencia de género

Sí, entro donde duele ¿Por qué? Porque hace unos días tuve una pequeña disputa sobre este tema en Twitter y creo que no solo no se entendió lo que quería expresar sino que encima se transgiversó mi opinión, que al parecer debía de ser machista sin darme cuenta. Todo comenzó con esta noticia.



Creo que el titular y la noticia en sí no dejan mucho a la imaginación. Y no, no es culpa ni de la agencia que recogió la noticia, ni del periodista que la redactó. Las citas están muy claras. Monago, en uno de sus alardes de modernismo, nos propone la cuadratura del círculo. Bien, primero de todo ‘violencia de género’ hace referencia, o por lo menos para la inculta que escribe, a que tú agredes a alguien por el sexo que tiene. Es decir, tienes un problema de racismo sexual, ya sea porque seas mujer u hombre, tú agredes a alguien del sexo opuesto –eso me dice la lógica- porque lo odias, desprecias, denigras, etc. Bien, este término en sí mismo se ha utilizado de una forma exagerada en miles de casos de ‘violencia doméstica’. No se puede meter uno en la mente del maltratador hasta el punto de conocer el motivo por el cual agrede a su pareja sentimental –nótese que no estoy particularizando en mujeres, porque hay violencia en las dos vertientes, incluso entre parejas homosexuales como nos deja ver Monago- ¿Estoy defendiendo al maltratador? Para nada, pero sí a la presunción de inocencia por lo menos en los medios de comunicación. Hoy en día en España, en el primer mundo, no estoy hablando de irnos a una cultura muy lejana ni de viajar años atrás en el tiempo, me cuesta creer que haya muchos casos de lo que podríamos denominar ‘violencia de género’ ajustándonos a su verdadera definición. La gran mayoría de casos son de ‘violencia domestica’. No solo es un término más respetuoso y más exacto, sino que además abarca otros colectivos débiles o en riesgo como puedan ser discapacitados, niños o personas mayores ¿Qué tiene en común todas estas personas y las parejas sentimentales de sus maltratadores?

1- Accesibilidad: son fáciles para el maltratador, están a mano y las pude coger cuando desee.
2- Imposición: ya sea por persuasión, miedo o cualquier tipo de manipulación el maltratador tiene en un puño a su víctima, que no es capaz de deshacerse con facilidad de la situación en la que se encuentra. Desde problemas económicos a falta de asistencia, son muchos los motivos para que una víctima no denuncie.
3- Superioridad: principalmente física, pero en muchos casos puede que incluso sea una cosa psicológica. Un adolescente puede ser un niño mentalmente hablando y un adulto físicamente, que puede dar un golpe tan duro como su agresor, pero que por su posición se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Con esto también quiero incluir que no solo podemos hablar de violencia como un acto físico, ser superior ‘a la fuerza’ no significa que literalmente que se use la fuerza.

Dicho esto, y siguiendo con la cuadratura del círculo que parece que he dejado algo abandonada diré que si ya la cuestión de ‘violencia de género’ como agresión por tener ciertos reparos a un determinado sexo o género (que no es lo mismo). Ya cuando hablamos de ‘violencia de género’ entre parejas homosexuales pierde todo el sentido. Bien, es como decir que te odias, denigras a ti mismo y lo proyectas en tu pareja que es reflejo de… ¿Ti mismo? ¿Soy la única que no encuentra ningún sentido a la propuesta de este hombre? Y sí, estoy a favor como la que más de que las parejas del mismo sexo cumplan con los mismos derechos que las no homosexuales. Pero si ya era absurdo en este primer caso cuando ya lo extrapolamos a las parejas gays por higienización y equiparación social ,ya nos estamos cagando en la madre de las lógicas y de la coherencia. Dos dedos de frente señores, por favor.

Pero si ya quiero terminar de confirmar que no solo soy una mujer machista que encima quiere quitarle derechos a las parejas homosexuales voy a ir más allá. Para mí, dentro de las violencias domésticas, la más grave de todas es a nuestros niños. Y es probablemente una de las más difíciles de controlar. Encuestas sobre la ‘violencia machista’ –sí no me he equivocado de término- hay a patadas, pero sobre a cuantos niños afecta directamente un maltrato continuado no hay. A lo más cerca que nos podemos aproximar es a una encuesta del CIS que tuvo en cuenta el número de hijos de mujeres que recibían violencia doméstica en sus hogares. 517.000 niños podrían ser víctimas de la violencia de género y podrían ver el maltrato a sus madres de forma continuada en sus casas. A esto habría que sumarles el número de padres maltratados y de padres o madres de parejas homosexuales, más el número de niños que reciben únicamente violencia sin que sea maltratado nadie más en su hogar. Las cifras pueden ser escalofriantes. Pero en general, tenemos la mala costumbre de volvernos hipersensibles con temas que no lo son tanto, mientras ignoramos problemas de mayor calado. Un niño maltratado va mucho más allá de una agresión a una persona o a una familia. Estamos jugando con la mentalidad y formación de la sociedad de futuro.

Si quisiera sintetizar lo dicho lo resumiría en una única y simple frase. Denominar ‘violencia de género’ a todo, sin excepción, cuando generalmente es ‘violencia doméstica’, es muy sexista. Al menos para mí, ¿Por qué? Porque dónde no hay problema lo estamos creando. No digo que una persona maltratada no sea un problema, pero en este caso recordar el racismo por sexo y género gratuitamente es propaganda. Es como tirarse ladrillos contra el propio tejado.  Y que no se transgiversen mis palabras y se quiera entender que digo que acallemos que existe esta realidad, pero sí que digo, que llamemos las cosas por su nombre. Que seamos exactos y no nos inventemos realidades alternativas a las que tenemos delante.

Discriminación positiva

Ahora creo que recibiré otra buena paliza desde sectores más radicales por decir lo que voy a decir tan tajantemente. Estoy totalmente en contra de la discriminación positiva, pero no a la mujer, sino a cualquier discriminación positiva injustificada. Que a una mujer le den un puesto de poder en ciertos sectores por el hecho de que es mujer y no es porque está más capacitada, es de nuevo, recordar que ‘se nos debe algo históricamente’. Lo que se ha hecho mal en el pasado no va a ser reparado con unas medidas corruptas. El problema del sistema es el propio sistema. No llegan los más capacitados, los más preparados o los que más valen ¿Por qué? Porque no están bien hechas las cosas, así de simple. Y poner esta medida es como ponerle un parche a una grieta del Titanic, el barco no va a dejar de hundirse. Si en sí mismo los escalafones laborales serían justos no habría ninguna necesidad de tener que ‘echarle una mano’ a nadie para que llegue a donde debe.

Igualmente, una de las excusas que más me queman es la de la ‘desigualdad histórica’. Si hemos llegado aquí y ahora es porque, creo, que en muchas cuestiones hemos evolucionado lo suficiente como para darnos cuenta  de nuestros errores. Una cosa es enmendarlos y otra muy diferente querer compensarlos, haciendo lo contrario a lo que se estaba haciendo. Esto a todas luces es injusto y no quiero que me regalen nada por el simple hecho de que tenga dos pechos o un coño entre las piernas.

Muchas dirán que esto es machista. Pero lo que realmente es machista es dejar que te regalen algo sin justificación posible y que lo permitas por egoísmo personal, que te están rebajando los requisitos ‘porque no podrías llegar’. Menuda decepción como mujer luchadora del carajo. Reconoces que no eres lo suficientemente buena y lo aceptas de buen grado porque sientes que te deben algo ¿Cuántas de vosotras realmente estáis comprometidas como para estar en una asociación feminista? ¿Consumís revistas de este tipo? ¿Participáis activamente en alguna actividad pro-mujeres? Pero os deben algo ¿El qué? ¿Os lo habéis ganado? ¿Os ganáis el respeto de los demás? Y no hablo de hombres o de la sociedad sino del resto de nosotras. Por lo menos tomaros un minuto y pensad con calma lo que os digo.

Con esto no digo que no haya sexismo en el trabajo, que no haya un montón de despidos improcedentes ‘porque ser mujer sale más caro’, que los salarios de la mujer por lo general son más bajos que los del hombre. No estoy ciega a esos asuntos. Los veo, me parece una calamidad con la que tenemos que luchar, combatir y lograr. Esa es nuestra lucha de igualdad real, que nos vean como una persona capaz y no como un bombo o como una pérdida de tiempo. Ganarnos el respeto es eso también, y sembrar para las futuras generaciones de mujeres que cada día lo tengan más fácil. Pero si nos quedamos con lo que nos regalan; las sobras, las medidas higienizadoras y la palabrería sensiblera no vamos a conseguir lo que realmente necesitamos. La paridad.

Educación vs. Banalidad

Es muy difícil combatir la palabrería insustancial, los comentarios sexistas sobre tonterías que nos rodean. Esa es la verdadera lucha, realmente dejar de banalizar cosas que tienen un fondo más profundo, más duro. Cuando se hacen bromas sobre la debilidad de la mujer o chistes sobre la torpeza, etc. solo nos estamos poniendo en evidencia a nosotros mismos ¿Por qué? Porque tenemos asimilado el machismo. Si nos paramos a reflexionar cada cosa que decimos  o hacemos andaremos con pies de plomo para no cometer un error pero si no lo hacemos, acabaremos soltando alguna de estas tonterías banales, y eso es peligrosísimo. Lo decimos ‘sin querer’, porque está pegado a nuestra médula. La diferencia, la debilidad, los tacones y los pintalabios, los clichés que nos persiguen y que tanto hombres como mujeres ridiculizamos y parece que nos gusta defender a capa y espada. El día que no demos charlas a nuestros hijos en el colegio sobre temas tan interesantes como ‘la igualdad de la mujer’ y hablemos de la igualdad de personas habremos dado el paso necesario. Cuando nadie mire mal a nadie porque  un niño juega con muñecas y una niña con un balón de fútbol habremos dado otro y cuando la gente deje de decir tonterías sobre tacones y lo difícil que ser mujer en Facebook habremos dado otro.




Banalizar, en este caso, es igual a tener interiorizada una idea. Eso me da más miedo que todo lo demás que hemos tratado y me da miedo que eduquemos a nuestros hijos pensando como lo hacemos, porque les transmitiremos que la mujer sigue siendo débil y no igual. Y no les diremos que hay que pegar al débil, no, pero sí que le diremos que hay que darle privilegios a esas personas, pobrecitas, son más débiles. Y no, así no se soluciona el problema, solo se traslada de tercio. Debemos tener una educación pro-persona pro-humano, no anti-machismo o anti-hembrismo o medidas anti-xenofóbicas, anti-homófogas… al miedo se le supera con educación. Eduquemos para la igualdad y no a favor o no contra de nadie.






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