Parece que hablar del feminismo es un tema recurrente en
muchas de las redacciones periodísticas, así como en las mesas de debate de
muchísimas tertulias, hasta para la ciudadanía de pie le llega de cerca. El 50%
de la población tiene la rarísima enfermedad de ser mujer y quién más o quién
menos tiene algún afectado en su familia, sino es a una misma la que le ha caído
semejante San Benito. Hablar de gratis encima se nos da demasiado bien… tan
cojonudamente bien, que los expertos de bar proliferan más que los parados en
la cola de INEM. Y no, no intento ser chistosa, sarcástica tal vez –por aquellos
que no lo pillan ni cuando le va de frente en forma de convoy- pero es de recalcitrante
que este tema se reabra cada cierto tiempo, por el hecho de que no hay ningún ‘tema
mejor del que hablar’. Por lo que a mí respecta me molesta mezclarme mucho en
este asunto, entre otros motivos porque la única razón por la que no soy atajada
con rudeza por algunas cosas que opino es porque sí, soy una mujer.
Antes de nada os pido, como ya hice la anterior entrada, que
intentemos leer esta reflexión sin banalidad, analizando e intentando ser
profundos, porque si nos quedamos con la superficie de seguro no encontrareis
ninguna opinión útil en lo que voy a decir a continuación. Siendo justo
intentaré agrupar, para mi ver, los grandes problemas que tiene la sociedad
sobre esto de ser o no mujer, y sin esperar a que nadie le salgan ulceras en el
estómago quisiera dejarlo, por lo menos por mi parte, zanjado.
Violencia de género
Sí, entro donde duele ¿Por qué? Porque hace unos días tuve
una pequeña disputa sobre este tema en Twitter y creo que no solo no se
entendió lo que quería expresar sino que encima se transgiversó mi opinión, que
al parecer debía de ser machista sin darme cuenta. Todo comenzó con esta noticia.
Creo que el titular y la noticia en sí no dejan mucho a la imaginación. Y no,
no es culpa ni de la agencia que recogió la noticia, ni del periodista que la
redactó. Las citas están muy claras. Monago, en uno de sus alardes de
modernismo, nos propone la cuadratura del círculo. Bien, primero de todo ‘violencia
de género’ hace referencia, o por lo menos para la inculta que escribe, a que
tú agredes a alguien por el sexo que tiene. Es decir, tienes un problema de
racismo sexual, ya sea porque seas mujer u hombre, tú agredes a alguien del sexo
opuesto –eso me dice la lógica- porque lo odias, desprecias, denigras, etc.
Bien, este término en sí mismo se ha utilizado de una forma exagerada en miles
de casos de ‘violencia doméstica’. No se puede meter uno en la mente del
maltratador hasta el punto de conocer el motivo por el cual agrede a su pareja
sentimental –nótese que no estoy particularizando en mujeres, porque hay
violencia en las dos vertientes, incluso entre parejas homosexuales como nos
deja ver Monago- ¿Estoy defendiendo al maltratador? Para nada, pero sí a la
presunción de inocencia por lo menos en los medios de comunicación. Hoy en día
en España, en el primer mundo, no estoy hablando de irnos a una cultura muy
lejana ni de viajar años atrás en el tiempo, me cuesta creer que haya muchos
casos de lo que podríamos denominar ‘violencia de género’ ajustándonos a su
verdadera definición. La gran mayoría de casos son de ‘violencia domestica’. No
solo es un término más respetuoso y más exacto, sino que además abarca otros colectivos
débiles o en riesgo como puedan ser discapacitados, niños o personas mayores
¿Qué tiene en común todas estas personas y las parejas sentimentales de sus
maltratadores?
1- Accesibilidad: son fáciles para el maltratador, están a
mano y las pude coger cuando desee.
2- Imposición: ya sea por persuasión, miedo o cualquier tipo
de manipulación el maltratador tiene en un puño a su víctima, que no es capaz de
deshacerse con facilidad de la situación en la que se encuentra. Desde
problemas económicos a falta de asistencia, son muchos los motivos para que una
víctima no denuncie.
3- Superioridad: principalmente física, pero en muchos casos
puede que incluso sea una cosa psicológica. Un adolescente puede ser un niño
mentalmente hablando y un adulto físicamente, que puede dar un golpe tan duro como su
agresor, pero que por su posición se encuentra en una situación de
vulnerabilidad. Con esto también quiero incluir que no solo podemos hablar de
violencia como un acto físico, ser superior ‘a la fuerza’ no significa que
literalmente que se use la fuerza.
Dicho esto, y siguiendo con la cuadratura del círculo que parece
que he dejado algo abandonada diré que si ya la cuestión de ‘violencia de
género’ como agresión por tener ciertos reparos a un determinado sexo o género
(que no es lo mismo). Ya cuando hablamos de ‘violencia de género’ entre parejas
homosexuales pierde todo el sentido. Bien, es como decir que te odias,
denigras a ti mismo y lo proyectas en tu pareja que es reflejo de… ¿Ti mismo?
¿Soy la única que no encuentra ningún sentido a la propuesta de este hombre? Y
sí, estoy a favor como la que más de que las parejas del mismo sexo cumplan con los
mismos derechos que las no homosexuales. Pero si ya era absurdo en este primer
caso cuando ya lo extrapolamos a las parejas gays por higienización y
equiparación social ,ya nos estamos cagando en la madre de las lógicas y de la coherencia.
Dos dedos de frente señores, por favor.
Pero si ya quiero terminar de confirmar que no solo soy una
mujer machista que encima quiere quitarle derechos a las parejas homosexuales
voy a ir más allá. Para mí, dentro de las violencias domésticas, la más grave
de todas es a nuestros niños. Y es probablemente una de las más difíciles de
controlar. Encuestas sobre la ‘violencia machista’ –sí no me he equivocado de
término- hay a patadas, pero sobre a cuantos niños afecta directamente un
maltrato continuado no hay. A lo más cerca que nos podemos aproximar es a una
encuesta del CIS que tuvo en cuenta el número de hijos de mujeres que recibían
violencia doméstica en sus hogares. 517.000 niños podrían ser víctimas de la
violencia de género y podrían ver el maltrato a sus madres de forma continuada
en sus casas. A esto habría que sumarles el número de padres maltratados y de
padres o madres de parejas homosexuales, más el número de niños que reciben
únicamente violencia sin que sea maltratado nadie más en su hogar. Las cifras pueden
ser escalofriantes. Pero en general, tenemos la mala costumbre de volvernos hipersensibles con temas que no lo son tanto, mientras ignoramos problemas de mayor calado. Un
niño maltratado va mucho más allá de una agresión a una persona o a una
familia. Estamos jugando con la mentalidad y formación de la sociedad de futuro.
Si quisiera sintetizar lo dicho lo resumiría en una única y
simple frase. Denominar ‘violencia de género’ a todo, sin excepción, cuando
generalmente es ‘violencia doméstica’, es muy sexista. Al menos para mí, ¿Por
qué? Porque dónde no hay problema lo estamos creando. No digo que una persona
maltratada no sea un problema, pero en este caso recordar el racismo por sexo y
género gratuitamente es propaganda. Es como tirarse ladrillos contra el propio
tejado. Y que no se transgiversen mis
palabras y se quiera entender que digo que acallemos que existe esta realidad,
pero sí que digo, que llamemos las cosas por su nombre. Que seamos exactos y no
nos inventemos realidades alternativas a las que tenemos delante.
Discriminación positiva
Ahora creo que recibiré otra buena paliza desde sectores más
radicales por decir lo que voy a decir tan tajantemente. Estoy totalmente en
contra de la discriminación positiva, pero no a la mujer, sino a cualquier
discriminación positiva injustificada. Que a una mujer le den un puesto de
poder en ciertos sectores por el hecho de que es mujer y no es porque está más
capacitada, es de nuevo, recordar que ‘se nos debe algo históricamente’. Lo que
se ha hecho mal en el pasado no va a ser reparado con unas medidas corruptas.
El problema del sistema es el propio sistema. No llegan los más capacitados,
los más preparados o los que más valen ¿Por qué? Porque no están bien hechas
las cosas, así de simple. Y poner esta medida es como ponerle un parche a una
grieta del Titanic, el barco no va a dejar de hundirse. Si en sí mismo los
escalafones laborales serían justos no habría ninguna necesidad de tener que ‘echarle
una mano’ a nadie para que llegue a donde debe.
Igualmente, una de las excusas que más me queman es la de la
‘desigualdad histórica’. Si hemos llegado aquí y ahora es porque, creo, que en
muchas cuestiones hemos evolucionado lo suficiente como para darnos cuenta de nuestros errores. Una cosa es enmendarlos
y otra muy diferente querer compensarlos, haciendo lo contrario a lo que se
estaba haciendo. Esto a todas luces es injusto y no quiero que me regalen nada
por el simple hecho de que tenga dos pechos o un coño entre las piernas.
Muchas dirán que esto es machista. Pero lo que realmente es
machista es dejar que te regalen algo sin justificación posible y que lo
permitas por egoísmo personal, que te están rebajando los requisitos ‘porque no
podrías llegar’. Menuda decepción como mujer luchadora del carajo. Reconoces
que no eres lo suficientemente buena y lo aceptas de buen grado porque sientes
que te deben algo ¿Cuántas de vosotras realmente estáis comprometidas como para
estar en una asociación feminista? ¿Consumís revistas de este tipo? ¿Participáis
activamente en alguna actividad pro-mujeres? Pero os deben algo ¿El qué? ¿Os lo
habéis ganado? ¿Os ganáis el respeto de los demás? Y no hablo de hombres o de
la sociedad sino del resto de nosotras. Por lo menos tomaros un minuto y pensad
con calma lo que os digo.
Con esto no digo que no haya sexismo en el trabajo, que no
haya un montón de despidos improcedentes ‘porque ser mujer sale más caro’, que
los salarios de la mujer por lo general son más bajos que los del hombre. No
estoy ciega a esos asuntos. Los veo, me parece una calamidad con la que tenemos
que luchar, combatir y lograr. Esa es nuestra lucha de igualdad real, que nos
vean como una persona capaz y no como un bombo o como una pérdida de tiempo.
Ganarnos el respeto es eso también, y sembrar para las futuras generaciones de
mujeres que cada día lo tengan más fácil. Pero si nos quedamos con lo que nos
regalan; las sobras, las medidas higienizadoras y la palabrería sensiblera no
vamos a conseguir lo que realmente necesitamos. La paridad.
Educación vs. Banalidad
Es muy difícil combatir la palabrería insustancial, los
comentarios sexistas sobre tonterías que nos rodean. Esa es la verdadera lucha,
realmente dejar de banalizar cosas que tienen un fondo más profundo, más duro.
Cuando se hacen bromas sobre la debilidad de la mujer o chistes sobre la
torpeza, etc. solo nos estamos poniendo en evidencia a nosotros mismos ¿Por
qué? Porque tenemos asimilado el machismo. Si nos paramos a reflexionar cada
cosa que decimos o hacemos andaremos con
pies de plomo para no cometer un error pero si no lo hacemos, acabaremos
soltando alguna de estas tonterías banales, y eso es peligrosísimo. Lo decimos ‘sin
querer’, porque está pegado a nuestra médula. La diferencia, la debilidad, los
tacones y los pintalabios, los clichés que nos persiguen y que tanto hombres
como mujeres ridiculizamos y parece que nos gusta defender a capa y espada. El
día que no demos charlas a nuestros hijos en el colegio sobre temas tan
interesantes como ‘la igualdad de la mujer’ y hablemos de la igualdad de
personas habremos dado el paso necesario. Cuando nadie mire mal a nadie
porque un niño juega con muñecas y una
niña con un balón de fútbol habremos dado otro y cuando la gente deje de decir
tonterías sobre tacones y lo difícil que ser mujer en Facebook habremos dado
otro.
Banalizar, en este caso, es igual a tener interiorizada una
idea. Eso me da más miedo que todo lo demás que hemos tratado y me da miedo que
eduquemos a nuestros hijos pensando como lo hacemos, porque les transmitiremos
que la mujer sigue siendo débil y no igual. Y no les diremos que hay que pegar
al débil, no, pero sí que le diremos que hay que darle privilegios a esas
personas, pobrecitas, son más débiles. Y no, así no se soluciona el problema,
solo se traslada de tercio. Debemos tener una educación pro-persona pro-humano,
no anti-machismo o anti-hembrismo o medidas anti-xenofóbicas, anti-homófogas…
al miedo se le supera con educación. Eduquemos para la igualdad y no a favor o no
contra de nadie.



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