
Recientemente me he enganchado a un programa de formato simplón pero efectivo. Nada del otro jueves, que rellena una media hora en la BBC, y que se asemeja a los típicos programas de la MTV como ‘ya no estoy gordo’ o ‘plain Jane’, pero con menos drama y más risas. Si ya estaba sobrexplotado el campo de la baja autoestima y los cambios de imagen, este programa da un giro más de tuerca. Abanderando la ‘belleza natural’ cogen a chicas y chicos que tienen imágenes extremadamente “falsas” y les muestran como sería su ‘yo natural’, ‘su belleza natural’. El campo es tan amplio y variopinto que abarca desde punkys, stripers, muñecas vivientes, chonis amantes del autobronceador y horteras de bolera varios, que se ponen ante un bot simulado que critica su estilo y les hace pasar por el ‘snog marry avoid’, que en una traducción chunga de esas que hacen en las pelis, sería como preguntar a gente de la calle donde clasificaría a los especímenes que ve, si en ‘amistad’, ‘amor’ o ‘repulsión’. Hasta aquí está el funcionamiento básico del programa, como ya he dicho nada del otro jueves.
Lo interesante es como se desarrollan las cosas al final, fuera parte
de que sean vean mejor o peor con el cambio de imagen. Siendo hipócrita podría decir que es una
pésima enseñanza o una
enseñanza mala a medias la de este programa, que a
menudo se ríe o critica estilos y tribus urbanas por no ser demasiado ‘naturales’,
pero siendo sinceros tienen más de un punto positivo. Teniendo como concepto un
estilo ‘chic, sencillo y sofisticado’ como el correcto, lo que se sale de ahí
está ‘mal’ o no es adecuado. Es como ahondar en la eterna disputa de ‘la imagen
profesionalidad vs. la imagen personal’. Ser tú mismo y expresarlo con tu
imagen parece que aún tiene un límite, el límite de la opinión de los demás.
Cuando siempre se ha dicho que la libertad de uno termina donde acaba la de
otro, hay gente que aún opina que puede o debe decirle como vestir a otra
persona. En resumidas cuentas, meterse en la libertad de expresión y de
identidad de otra persona. Sea por la razón que sea, ya sea por lástima,
repulsión o caridad ‘necesitas ayuda’ para arreglar ese desastre de cara, de
ropa y de pinta… Si ya hablamos de empleo el efecto se multiplica exponencialmente.
No es raro que se siga mirando como alguien poco profesional si se tiene tatuajes, pirsings o una imagen
que se salga un del ‘molde’. Justo o no, es una realidad que este programa
recoge a la perfección. A menudo son los propios familiares y amigos los que
presionan a los sujetos a que se presenten al programa para dejar de ‘verse tan
mal’, y por supuesto, la presentadora se pasea por diferentes ciudades de Inglaterra
con algunas prendas o estilos que consideran ‘aberrantes’ y preguntan una vez
más a la ‘gente de la calle’ lo que opina sobre sus pintas. Una y otra y otra
vez, se arguye a la falacia de ‘argumento ad populum’, como opina mucha gente que vistes mal y te ves mal,
debe ser cierto que vistes mal y te ves mal. Primer y gran, gran error de este
programa.
Dicho todo esto, parece que no hay nada positivo en este
programa tan simplón y a la vez tan moralmente reprochable, pero no es cierto.
Al menos debemos reconocer que el ‘reality’ da cierto margen de réplica. Por
una parte, el bot se expone en ciertas ciudades de Inglaterra donde todo aquel
que lo desee puede tener una pequeña charla con él. Como consecuencia a menudo
salen algunas conversaciones muy interesantes con un bot criticón y zalamero
que intenta arrastrar ‘al buen camino’ a todas aquellas ovejas descarriadas de
la moda. A veces lo consigue, y otras veces simplemente obtiene una réplica dura
sobre lo que es belleza y lo que no, sobre lo que se siente siendo diferente o
porque consideran que ser cómo son es lo mejor que tienen. Incluso entre los
que se someten a la voluntad del bot a menudo le dan un revés a su proposición.
Casi todos los voluntarios a sus cambios
de imagen acaban determinando que prefieren su estilo personal al que el bot
les presenta, pese a lo que opine la ‘gente de la calle’, su familia, sus
amigos, su pareja, un bot ficticio o incluso su propio espejo, y es aquí donde reside lo mejor de todo. Tres semana
después del cambio, el programa visita a las cobayas de su pequeño experimento,
y generalmente, se encuentran una vuelta total a su imagen o una ligera
moderación en el estilo que tenían anteriormente. Lo curioso, y a la vez
maravilloso, es que ese cambio no viene determinado porque se viesen mal con la ‘belleza
natural’ que les propone el bot, sino con que ese cambio se aleja de su propia
esencia. No tiene que ver con verse bien o mal, con ser bello o feo, tiene que
ver con qué soy, qué represento, qué me gusta… Planeado o no, ver esta reacción
me hace tener un poco más de fé en la humanidad y a la vez me ha hecho incluso
ver a mucha gente que prejuzgaba con mejores ojos. Personas que habría tildado
de ‘chonis’ o de ‘horteras’ me han hecho verlas como personas con personalidad,
con más coraje que muchos para ser lo que son, que su imagen no tiene que ver con qué les acepten o no, sino con que se acepten así mismos. Simplemente, solo puedo decir
que es absolutamente maravilloso. Para quién quiera pasar un buen rato tan solo
será un programa divertido y un poco ‘chorra’, para quién se crea que es un buen
samaritano, pensará que esto ayuda un poco más a normalizar a la ‘gente rara que
hay suelta por el mundo’ y para algunas personas, como yo, nos hace pensar que ser
único es algo especial, algo a cuidar y la única razón por la que hay tantas
opiniones, tanta riqueza, tantas culturas, estilos y tendencias. La diversidad
nos hace grandes, más listos, más tolerantes y más fuertes. La diversidad nos
evoluciona, nos hace avanzar. Si este programa consigue hacer reflexionar a una
sola persona sobre esto me doy por satisfecha.




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