jueves, 9 de abril de 2015

¿Horteras de Bolera?




Recientemente me he enganchado a un programa de formato simplón pero efectivo. Nada del otro jueves, que rellena una media hora en la BBC, y que se asemeja a los típicos programas de la MTV como ‘ya no estoy gordo’ o ‘plain Jane’, pero con menos drama y más risas. Si ya estaba sobrexplotado el campo de la baja autoestima y los cambios de imagen, este programa da un giro más de tuerca. Abanderando la ‘belleza natural’ cogen a chicas y chicos que tienen imágenes extremadamente “falsas” y les muestran como sería su ‘yo natural’, ‘su belleza natural’. El campo es tan amplio y variopinto que abarca desde punkys, stripers, muñecas vivientes, chonis amantes del autobronceador y horteras de bolera varios, que se ponen ante un bot simulado que critica su estilo y les hace pasar por el ‘snog marry avoid’, que en una traducción chunga de esas que hacen en las pelis, sería como preguntar a gente de la calle donde clasificaría a los especímenes que ve, si en ‘amistad’, ‘amor’ o ‘repulsión’.  Hasta aquí está el funcionamiento básico del programa, como ya he dicho nada del otro jueves.

Lo interesante es  como se desarrollan las cosas al final, fuera parte de que sean vean mejor o peor con el cambio de imagen.  Siendo hipócrita podría decir que es una pésima enseñanza o una
enseñanza mala a medias la de este programa, que a menudo se ríe o critica estilos y tribus urbanas por no ser demasiado ‘naturales’, pero siendo sinceros tienen más de un punto positivo. Teniendo como concepto un estilo ‘chic, sencillo y sofisticado’ como el correcto, lo que se sale de ahí está ‘mal’ o no es adecuado. Es como ahondar en la eterna disputa de ‘la imagen profesionalidad vs. la imagen personal’. Ser tú mismo y expresarlo con tu imagen parece que aún tiene un límite, el límite de la opinión de los demás. Cuando siempre se ha dicho que la libertad de uno termina donde acaba la de otro, hay gente que aún opina que puede o debe decirle como vestir a otra persona. En resumidas cuentas, meterse en la libertad de expresión y de identidad de otra persona. Sea por la razón que sea, ya sea por lástima, repulsión o caridad ‘necesitas ayuda’ para arreglar ese desastre de cara, de ropa y de pinta… Si ya hablamos de empleo el efecto se multiplica exponencialmente. No es raro que se siga mirando como alguien poco profesional  si se tiene tatuajes, pirsings o una imagen que se salga un del ‘molde’. Justo o no, es una realidad que este programa recoge a la perfección. A menudo son los propios familiares y amigos los que presionan a los sujetos a que se presenten al programa para dejar de ‘verse tan mal’, y por supuesto, la presentadora se pasea por diferentes ciudades de Inglaterra con algunas prendas o estilos que consideran ‘aberrantes’ y preguntan una vez más a la ‘gente de la calle’ lo que opina sobre sus pintas. Una y otra y otra vez, se arguye a la falacia de ‘argumento ad populum’, como  opina mucha gente que vistes mal y te ves mal, debe ser cierto que vistes mal y te ves mal. Primer y gran, gran error de este programa.

Para que algo sea ‘malo’ o ‘bueno’, ‘bonito’ o ‘feo’ debería haber una vara de medir –cosa que no existe-. En el caso de lo ‘bueno’ y lo ‘malo’, tenemos unas leyes que, siendo más o menos justas, pretenden asegurar una convivencia apacible entre iguales. Pero sobre la belleza… sobre la belleza todo es subjetividad, es tu opinión, la comparación con otros, los estilos estéticos o ambientes que te gustan, la gente que te rodea, las modas y tu propia idiosincrasia. Cosas que para ‘todo el mundo’ han sido correctas en una determinada época han ‘pasado de moda’ y ahora están en el cajón de lo ‘hortera’ ¿A quién debemos hacer caso? Teniendo en cuenta que no hay un Dios de la belleza absoluto, ni ninguna ley que nos obligue a llevar uniformes –excepto en la etapa escolar de algunos países- la única respuesta lógica y verdaderamente correcta es que te vistas como te dé la gana. Eres libre de ser lo que quieras y de expresarlo de la mejor forma que puedas. Es tu derecho por ley, ser libre para expresarte y para tener una identidad propia, e igualmente, estás en tu derecho si alguien critica o mancilla tu nombre el denunciarlo por no respetar tu derecho a la dignidad. Podríamos decir que ese es el segundo gran error de este programa. El sistema de ‘amistad, amor o repulsión’ hace que sea un formato más dinámico y casual, pero deja que gente aleatoria critique libremente a otra en un programa que es emitido en televisión. Las consecuencias de esto es que se crea una falsa ‘buena moral’ que te hace creer que tienes el poder de criticar con libertad, cuando lo que deberíamos estar mostrando es que ser tolerante y no prejuzgar por el físico es realmente lo positivo. Que puede que te estés perdiendo a personas maravillosas por el simple hecho de que su imagen te eche para atrás. No hay que cambiarles de imagen para que te parezcan más agradables, hay que cambiar de forma de pensar para que su imagen no te sea una cortapisa a ti. En este sentido la selección de ‘gente de la calle’ deja mucho que desear. Nunca se pregunta qué opina a nadie que sea ni siquiera ‘ligeramente pintas’ y si se hace es para preguntarles cosas como: “¿Por qué llevas tatuajes?”


Dicho todo esto, parece que no hay nada positivo en este programa tan simplón y a la vez tan moralmente reprochable, pero no es cierto. Al menos debemos reconocer que el ‘reality’ da cierto margen de réplica. Por una parte, el bot se expone en ciertas ciudades de Inglaterra donde todo aquel que lo desee puede tener una pequeña charla con él. Como consecuencia a menudo salen algunas conversaciones muy interesantes con un bot criticón y zalamero que intenta arrastrar ‘al buen camino’ a todas aquellas ovejas descarriadas de la moda. A veces lo consigue, y otras veces simplemente obtiene una réplica dura sobre lo que es belleza y lo que no, sobre lo que se siente siendo diferente o porque consideran que ser cómo son es lo mejor que tienen. Incluso entre los que se someten a la voluntad del bot a menudo le dan un revés a su proposición.  Casi todos los voluntarios a sus cambios de imagen acaban determinando que prefieren su estilo personal al que el bot les presenta, pese a lo que opine la ‘gente de la calle’, su familia, sus amigos, su pareja, un bot ficticio o incluso su propio espejo, y es aquí donde reside lo mejor de todo. Tres semana después del cambio, el programa visita a las cobayas de su pequeño experimento, y generalmente, se encuentran una vuelta total a su imagen o una ligera moderación en el estilo que tenían anteriormente. Lo curioso, y a la vez maravilloso, es que ese cambio no viene determinado porque se viesen mal con la ‘belleza natural’ que les propone el bot, sino con que ese cambio se aleja de su propia esencia. No tiene que ver con verse bien o mal, con ser bello o feo, tiene que ver con qué soy, qué represento, qué me gusta… Planeado o no, ver esta reacción me hace tener un poco más de fé en la humanidad y a la vez me ha hecho incluso ver a mucha gente que prejuzgaba con mejores ojos. Personas que habría tildado de ‘chonis’ o de ‘horteras’ me han hecho verlas como personas con personalidad, con más coraje que muchos para ser lo que son, que su imagen no tiene que ver con qué les acepten o no, sino con que se acepten así mismos. Simplemente, solo puedo decir que es absolutamente maravilloso. Para quién quiera pasar un buen rato tan solo será un programa divertido y un poco ‘chorra’, para quién se crea que es un buen samaritano, pensará que esto ayuda un poco más a normalizar a la ‘gente rara que hay suelta por el mundo’ y para algunas personas, como yo, nos hace pensar que ser único es algo especial, algo a cuidar y la única razón por la que hay tantas opiniones, tanta riqueza, tantas culturas, estilos y tendencias. La diversidad nos hace grandes, más listos, más tolerantes y más fuertes. La diversidad nos evoluciona, nos hace avanzar. Si este programa consigue hacer reflexionar a una sola persona sobre esto me doy por satisfecha.





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