lunes, 3 de febrero de 2014

Monumento a la fealdad

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Para quién no lo sepa Corea del Sur es famoso por tres cosas: el conflicto armado con Corea del Norte, la ola Hallyu –‘bomb’ internacional de la música, cine y series coreanas- y las operaciones estéticas. Hasta el punto de ser denominada como la capital asiática de la cirugía plástica. Su máxima: “bueno, bonito y barato”. A pesar de que es un punto al que parecía haberme acostumbrado de este país,  de vez en cuando, es capaz de sorprenderme con alguna noticia insólita sobre este campo. La última viene de parte de una clínica de Gangnam –distrito rico de la capital coreana, aunque más conocido por la canción del caballo- que decidió exhibir en su página web una torre fabricada con los huesos de mandíbulas extraídos a unos 1.000 pacientes.

Cuanto más conozco la afición al bisturí que se frecuenta por esta región del planeta –según datos de 2013 de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástico Estética, 74 de cada 10.000 de sus habitantes se ha sometido algún clase de intervención de este tipo - más confusa me siento con respecto a ‘lo bueno y malo’ de la cirugía plástica. Ciñéndome más a la noticia, el escándalo de las esculturas de hueso, comenzó cuando la afamada clínica especializada en operaciones de mentón y maxilar –una de las más demandadas en este país- decidió ‘reciclar’ los huesos extraídos en las intervenciones dentro de dos columnas de vidrio de 60 centímetros. Fuera aparte de si se puede o no considerar ‘el monumento’ como arte moderno, la clínica hacía acopio de orgullo y mostraba así la experiencia y ‘buen hacer’ de sus médicos. En la propia web de dicha institución se colgó la fotografía que mostraría la hazaña, lo que no esperaban es que acabaría convirtiéndose en la última imagen viral del gigante Internet. Las propias autoridades tuvieron que mediar tras el aluvión de críticas para que la web retirase la fotografía de su página.

Sinceramente, si hacen una columna o hacen una hoguera quemándolo en taparrabos, creo que esto es lo de menos. Lo que me preocupa es lo que hay detrás. Corea se ha convertido de alguna manera en el destino de miles de ‘turistas médicos’, por una fama ganada a base de imponer a su propia población un canon de belleza imposible. Es fácil, tratando de forma general, decir que esto es una burrada y que nadie debería jamás llegar a este punto. Pero… ¿Y si individualizamos? Todos tenemos complejos, cosas que modificaríamos. Bombardeados por una continua presión social, publicitaria y unas facilidades sanitarias y económicas… ¿No caeríamos? El problema es que el aumento de esta tendencia solo vaticina un futuro más negro: más gente operada y un canon más exquisito que en algún momento dejará de ser saludable –si no ha dejado de serlo ya-. Contra esto lo peor es que no hay mucho que se pueda hacer. Cada día se fabrican más ‘reality shows’ relacionados  –Let me in-, la publicidad en el metro es abrumadora e incluso se ha convertido casi en un requisito para el currículo de los jóvenes coreanos –fuera parte de lo anecdótico, SM Entertaiment incluyó una cláusula para poder realizar operaciones estéticas indiscriminadamente sobre sus subordinados ‘idols’ menos agraciados-. El tema está demasiado normalizado, hasta el punto de que cuando alguien decide hacerse una tétrica columna sacada de una película de Hannibal Lecter, la gente se comienza a preguntar si eso está bien o no, pero no se pregunta cómo dicho carnicero ha podido llegar a  fabricar semejante estructura.

Tenemos tendencia a masacrar a la gente menos favorecida físicamente, y nos encanta.  Nos hace sentir geniales. Nos metemos con la gordura de Adele y nos fastidia ver gente orgullosa de sus kilos como Beth Ditto, incluso mandamos cartas a una presentadora para que haga dieta. Pero la verdad es que fuera parte de la broma, somos seres totalmente heridos por nuestros propios complejos. Cuando dije que me siento confusa con este asunto, es porque me pongo en la piel de esas miles de personas representadas en esas columnas de cristal y no veo una hazaña, veo un monumento a la fealdad y a los complejos. Al dolor. No soy capaz de juzgar negativamente a alguien que en algún momento se ha sentido mal con su propio cuerpo y ha decidido hacer algo al respecto. No soy muy partidaria de las operaciones por ‘vicio’, pero tampoco de las personas que viven un infierno continuo por culpa de ‘algo que no han elegido’.

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