jueves, 6 de marzo de 2014

'Rubber Dolls': las muñecas de látex vivientes





Este pasado enero, Chanel 4 –cadena de televisión británica- se hacía eco de un nuevo fenómeno social, las ‘Rubber dolls’ o muñecas de goma. Aunque hombres en su mayoría, no son pocas las personas que recientemente se han unido al anonimato de las máscaras de látex, las pelucas y los accesorios siliconados. Hasta ayer, esta afición por vestirse de muñeca de goma gigante, no era más que otra anécdota a pie de página, pero tras la emisión de ‘Secrets of the Living Dolls’ son muchos los medios que han saltado a la palestra con este tema. Moda para algunos, afición para otros, no son pocos los que han vinculado el hobbies a fetiches sexuales u orientaciones de los protagonistas que se encuentran tras las máscaras, aunque nada tiene que ver con la realidad.


 El aparataje es complejo: desde ropa a máscaras, pelucas, prótesis de pecho y vaginas artificiales, todo lo necesario para cubrir en el más absoluto anonimato a las personas que se encuentran debajo de esta piel plástica. Como Joel -uno de los protagonistas del documental- cita, todo es por sentir que están en una casa de muñecas. Un traje completo costaría alrededor de los 600 euros, ya que gran parte de las piezas son artesanales y se hacen a medida para sus propietarios. Tanto el mundo de cosplayers –aficionados a los disfraces- como el colectivo de travestis parecen señalados indirectamente sin saber dónde colocar a las ‘rubber dolls’.

La obsesión por llegar a la perfección muñequil llega en algunos casos, incluso, a métodos más drásticos, como la inyección salina -mediante  la introducción de esta sustancia en la zona pectoral se crea la ilusión de unos falsos pechos temporales-. Está técnica se ha visto con anterioridad en los famosos ‘hombres y mujeres animal’ o en la ‘mujer vampiro’. Si merece o no la pena, viene precedido de la respuesta de los enmascarados –otra denominación para este colectivo-, que aseguran que  el sacrificio sin duda es lo vale. Muchos afirman sentirse “femeninos y sexys” o “completamente diferente a la realidad”, porque es parte de esto la gracia de enfundarse en un traje de látex, dejar atrás sus vidas de padres, trabajadores o deportistas y ser por un día muñecas vivientes.

Fuera parte de las elucubraciones sobre por qué sí o por qué no dedicarse a revestirse de vinilo, la realidad es que la tendencia va en aumento. La proliferación de personas ligadas a este movimiento ha llegado a la creación de una convención para aquellos aficionados a las máscaras de látex llamada ‘Rubberdoll Rendezvous’ en Minneapoliso. Así como comunidades donde se encuentran y relacionan.

¿Estos son periodistas?

Como me ha pasado en otros artículos, no me voy a quedar con lo anecdótico, sino con lo que realmente me ha calado bien hondo. Al toparme con este tema, he visto un montón de ‘reportajes’ en diferentes medios que hacen alusión al tema. Podría decir que todos o casi todos me han demostrado una carencia total de principios al ser –en su gran mayoría- muy irrespetuosos con las personas retratadas y con su estilo de vida. Es cierto que la noticia viene de lo curioso, pero no por este hecho hay algún derecho a que se digan cosas como “manifestación de libertad sexual, emocional y hasta artística” o que se haga un ‘perfil tipo’ mientras se hacen alusiones a la ‘normalidad’ o ‘anormalidad’ de estas personas.

Personalmente, me sentiría muy ofendida si por alguna de mis aficiones 'frikis', me dijesen que “vivo en un mundo de fantasía” –seguramente más de uno y más de dos lo harán-. Es cierto, que no quitan de ser hobbies que intentan evadirte de muchas cosas, pero es eso, al fin y al cabo, en lo que consiste un hobby. Fuera de ahí, todos tenemos problemas que resolver y una vida que sobrellevar y tus gustos no te hacen ser un irresponsable o un ‘desviado’ –piensen lo que piensen algunos-. Es realmente injusto como algunas de las aficiones como hacer deporte o dibujar son vistas como algo sano que desarrolla competencias que son buenas, y como en cambio, todo lo que se sale del cliché es deplorable. Personalmente, no me veo llevando una máscara de látex, ni imitando este tipo de comportamientos, pero al menos me merece un respeto. Ser tolerante es mantenerse comprensivo con las cosas que no te gustan y no entiendes, pero que sabes  que son completamente ajenas a ti y que no afectan perjudicialmente a nadie. A continuación os voy a dejar algunas de las frases más demoledoras del artículo de una ‘periodista’ de un medio considerados ‘serio’, mis congratulaciones a su rigor periodístico y al tratamiento de la información:

El País: “Los hombres que viven como muñecas de goma”, Salomé García

“Nacieron hombres. Se sienten hombres. Pero les hace gracia convertirse transitoriamente en algo así como muñecas hinchables gigantes (…)”

El párrafo de inicio no tiene desperdicio en absoluto… creo que se ha cargado solo en estas 13 líneas, el código nº 7 de la FAPE -Federación de Asociaciones de Periodistas de España- referente a la discriminación de colectivos débiles o en posición discriminatoria, por los menos 5 veces. Tanto al referirse a las ‘rubber dolls’ como las ‘drag queens.’

“(…) Entre la parodia de la muñeca Barbie y una profecía de lo que le puede pasar a algunas cuando se les va de las manos lo de abusar del bisturí, los rellenos y el bótox a granel. (…)”

Ante todo humor, no sea que alguien se tome como información seria algo de lo dicho…

“Lo llamativo es que los hombres aficionados a esta suerte de fetichismo no siguen un único patrón. No son necesariamente transexuales, ni gays.

Me gusta como destaca en negrita la última frase, enfatizando donde es necesario…

“esta manifestación de libertad sexual, emocional y hasta artística”/ “(…) Rubberdoll Rendezvous de Minneapolis, una convención anual de amigos del látex, el bondage y el sadomasoquismo y toda forma de fetichismo con acabado vinilado. (…)”

Solo encuentro tres posibles explicaciones, o no se ha documentado o no le interesa la información, o ambas cosas.

Luego hay quien querrá separar las publicaciones del corazón que se encuentran en el revistero de la peluquería del periodismo de verdad, pero de verdad se demuestra que este artículo no podría pasar de un comentario chismoso para buscar la sorpresa y admiración del público mientras echa más leña a un tema candente. ¡Felicidades a la periodista! Me cuesta recordar el nombre de quién escribe artículos pero sin duda no será el caso con el suyo. Por último, me gustaría hacer una mención a lo referido de la “revista dedicada a esta tendencia”, ‘Marquis’, cualquiera que busque sin mucho interés esta publicación en google podrá darse cuenta que en absoluto está relacionada con este tipo de movimiento –si acaso se podría ligar incluso más al pin up- donde la definición del fotógrafo se ajusta a estas mujeres y no a las ‘rubber dolls’, con divas del modelaje alternativo como Ophelia Overdose.

Por su parte ‘El comercio’ hace un refrito e incluso se adueña de varias de las frases ya citadas, pero no firma el artículo, ni cita fuentes originales.  Tan solo se dedica una mención al diario a mitad del artículo de forma vana y sin entrecomillar las frases copiadas directamente del original.

Por su parte SDP modera el lenguaje y se muestra más tolerante con el asunto, aunque no deja de citarse la ‘normalidad’ o ‘anormalidad’ de estas personas con frecuencia. También ha tenido la delicadeza de citar la fuente original de la información al final, haciendo una alusión clara a este hecho.

Como estos tres ejemplos se podrían citar una decena, revestidos de información seria y buscando el sensacionalismo más allá de lo ético, con una documentación pobre mientras se plagian artículos groseros e incorrectos entre todos. Siento que en vez de interesarse de forma sana por algo nuevo, vapulean la información como si fuese un circo.


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