Las girls y boy bands tienen una cierta mala fama, por lo
menos, para aquellos que se consideran entendidos o con cierto gusto musical.
Las razones por las que usualmente son vistos con tan malos ojos son medias
verdades que se pueden desmontar si el oyente está dispuesto a re-escuchar un
tema con una mentalidad menos ‘gafapastica’. Es cierto que la fama que han
puesto las formaciones de mayor éxito no ayuda a ‘desinclichetar’ la idea de que
un grupo vocal es algo similar a un grupo de dudosa calidad y popularidad
abusiva enfocado a un público adolescente. Esta crítica será una y otra vez la
que esgrimirán las mismas voces para rechazar productos que no se parecen a lo
que esta etiqueta describe.
La primera idea que viene a la mente al respecto en las
recelosas mentes hipsterianas es que son bandas ‘creadas’. Una simple 'unión discográfica’,
que hace que pierdan cierto encanto o ‘feeling’ frente a aquellas otras bandas
tradicionales, donde la gente consigue una meta con sus propios esfuerzos y ‘línea
musical’. Es realmente entrañable verlo de esta manera, pero ciertamente, es
que casi ninguna banda de este tipo suele contar con los mismos miembros con
los que comenzaron, ni si quiera los incombustibles Rolling Stone. Y
desarticulando este mismo comentario, Sugababes –de las que luego hablaré- o las
propias Destiny’s child tuvieron una formación ‘natural', donde fueron los
miembros los que se encontraron, no una discográfica la que hizo de mediadora.
Por otro lado, también se les suele achacar eso de que ‘no escriban
sus propias canciones’, a esto añadiré que es parcialmente cierto, pero no del todo.
Más bandas de formación vocal de las que pensamos componen sus propias letras,
de hecho, no son pocos los miembros de alguna de estas formaciones que no solo
componen las letras sino que producen la música, algo de lo que la gran mayoría
de bandas no gozan de capacidad para hacer. El kpop, que tan criticado ha sido
por su vistosidad, cuenta con varios ejemplos de bandas ‘que sacan lo que realmente crean’ y que tampoco suelen tener problemas a la hora de escribir
letras con cierto mensaje.
Finalmente, y supongo que es el más duro de todos los ataques,
es el hecho de que se tienda a pensar que ‘la cantidad no es igual a la calidad’.
Es más que obvio, que vocales con una calidad mediocre o cualidades más escasas
son más fácilmente aprovechables de esta manera, pero eso no quita en ninguno
de los casos, que realmente la historia haya dejado bandas para ser recordadas, como The Supremes por tener unas grandísimas voces detrás. Dando la vuelta a
las críticas también se podría decir que estas mismas acusaciones se podrían
realizar sobre todos los solistas, cosa que no se hace, ya sea por la cantidad
y variedad o porque es más sencillo etiquetar a los grupos vocales.
Como ya he adelantado previamente, hace algo más de medio
año que una banda que me ha dejado muy buen sabor de boca ‘ha vuelto’.
Sugababes fue una formación que se mantuvo activa durante más de 10 años, con
unos miembros de una calidad insuperable. La voz de Muyta Buena (a pesar de sus idas y
venidas) fue acompañada de la difunta Amy Winehouse para su último single en
solitario ‘B Boy Baby’. La formación original de esta banda se constituiría
tras una fiesta de cumpleaños donde tres chicas de 13 años encontrarían su vocación.
Un año después Siobhán Donaghy, Mutya Buena y Keisha Buchanan firmarían el
contrato que las catapultaría con su primer CD, que contenía una de sus mejores
y más memorables canciones, ‘Overload’. Sorpresivamente, muchos adultos ingleses de bien tuvieron que reconocer que se
habían enamorado de la seriedad de estas tres adolescentes con aires de barrio pobre. En el año 2001 Donaghy abandonaría la
banda arguyendo problemas de ansiedad y poco después sería sustituida por la exintegrante
de otra girlband, las ‘Atomic Kitten’, Heidi Range. El cambio de sonido
catapultó a la banda hacia una carrera plagada de éxitos en la que se turnaban
hits mega-ultra-comerciales, con otros temas que guardaban aún la esencia de la
banda. Sarcásticamente, en 2005 se marcharía la segunda ‘Sugababes’ original, Mutya
Buena, que sería sustituida por Amelle Berrabah y con la que definitivamente se
diría adiós al ‘sonido Sugababes’ para siempre.
Si podía aún desvirtuarse más el concepto y volverse de algún modo ‘surrealista’,
en 2009 sería expulsada la última integrante originaria, Keisha Buchnan por
Jade Ewen en un escueto comunicado. Previamente Buchnan había desmentido los
rumores de que entrase una nueva integrante, desconociendo que sería ella misma
la que saldría de la formación. Finalmente, una banda llamada ‘sugababes’, sin
ninguna de las miembros originales y con un sonido que no tenía nada que ver
con el que promulgaban inicialmente, continuó a la deriva hasta que en 2011, y
tras dos años desde la salida de Buchnan, pondrían punto y final a la banda.
No sé si es un acto de justicia o un complot karmático
volver a ver como las tres miembros originales vuelven a los escenarios y
promocionan un nuevo trabajo juntas. Lo ‘jodido’ del asunto es como, y a pesar
de todo, no puedan usar su nombre original, dado que ‘el nombre de marca’ sigue
perteneciendo a una compañía discográfica y no a las chicas que fundaron hace más
de 13 años la banda. Por lo que ahora se hacen llamar Mutya Keisha
Siobhan, o lo que es lo mismo, MKS. El caso recuerda un poco al de otra agrupación que entró en litigios por
problemas de nombre (TVXQ/DBSQ) y que acabó llegando a la misma conclusión que
Sugababes. Tres de los miembros que se marcharon de la formación pudieron ‘recuperar
su derecho de uso’ gracias a la coyuntural circunstancia de que el nombre
estaba compuesto por las aportaciones de los propios miembros de la banda. -Aunque
pueda parecer estúpido, es la forma más eficaz de asegurar el derecho de uso-.
Sugababes, ha muerto, pero no la esencia. A pesar, de ser
una historia agridulce, con un final que aún está por ver si acabará bien o aún
peor, da qué pensar sobre si realmente existe algún tipo de compensación divina.
Si aún a pesar de todo tu pasmina y tu sombrero fedora te impiden abrir un poco
la mente sobre este tipo de formaciones, puede que algún día me sienta lo
suficientemente productiva como para hablaros de las negreras musicales, o
también llamadas, compañías musicales, las cuales tienen una fijación en
aprovecharse de los miembros de las bandas vocales, ya que son estos los que están
en una situación de vulnerabilidad mayor que solistas o grupos musicales. Solo
adelantaré que sustituir, redirigir la línea musical o hacerse con los derechos
absolutos sobre una banda vocal es mucho más sencillo que en cualquiera de los
demás casos. Igualmente, es muy probable que mi próxima entrada musical no
tenga nada que ver con esto, así que tranquilo amigo gafapastico.




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